Trabajar desde casa cambió el perímetro de seguridad de las empresas: ya no alcanza con proteger la oficina, cada hogar conectado es un punto de entrada potencial. Acá lo básico que marca la diferencia.
1. Separá lo laboral de lo personal
Usa una cuenta de usuario distinta en tu computadora para trabajo, si compartís el equipo con la familia. Nunca uses tu email o contraseñas laborales en sitios personales, ni al revés.
2. Asegurá tu red WiFi doméstica
Cambiá la contraseña por defecto del router (muchas quedan con la de fábrica, fácil de buscar online) y verificá que uses cifrado WPA2 o WPA3, no el viejo WEP que ya es fácil de vulnerar. Si trabajás con información sensible, considera una red separada solo para el equipo de trabajo.
3. Cuidado con el WiFi público
Si trabajás desde un café o espacio de coworking, evitá acceder a sistemas sensibles de la empresa sin una VPN activada, ya que las redes públicas son más fáciles de interceptar.
4. Actualizá todo, sin excepciones
Sistema operativo, antivirus, y cualquier software que uses para trabajar. Las actualizaciones suelen incluir parches de seguridad para vulnerabilidades recién descubiertas: posponerlas deja una puerta abierta innecesaria.
5. Desconfiá de los pedidos urgentes por chat o email
El phishing dirigido a trabajadores remotos suele imitar a un jefe o compañero pidiendo algo urgente (una transferencia, credenciales, un archivo). Ante cualquier pedido inusual, verificá por otro canal (una llamada, no la misma vía del mensaje sospechoso) antes de actuar.
6. Bloqueo automático de pantalla
Si compartís espacio con otras personas en casa, activá el bloqueo automático tras unos minutos de inactividad, para que información de trabajo no quede expuesta si te alejás de la computadora.
Ninguno de estos pasos es complicado, pero juntos reducen drásticamente el riesgo de ser el eslabón débil que un atacante aprovecha para llegar a los sistemas de tu empresa.

